Tres décadas después, Argentina tiene una nueva ley de VIH

El proyecto modifica el enfoque biomédico de la norma vigente para garantizar no solo la medicación sino brindar una respuesta integral a quienes conviven con el virus.

Luego de 30 años de espera, la Argentina tiene finalmente una nueva ley de VIH. Con 60 votos a favor y uno en contra, el Senado sancionó la Respuesta Integral al VIH, Hepatitis Virales, Tuberculosis e Infecciones de Transmisión Sexual, un proyecto largamente trabajado por varias organizaciones civiles que busca reemplazar el enfoque biomédico de la vieja Ley Nacional del SIDA por uno más focalizado en los derechos humanos. “Se cumplió con una deuda histórica”, festejaban les militantes y activistas que habían estado siguiendo la sesión desde los palcos y la plaza frente al Congreso. A diferencia de lo que sucedió en Diputados, en donde ocho legisladores se decidieron a votar en contra, en el Senado la nueva ley de VIH fue aprobada por casi unanimidad. El único voto negativo provino del PRO: Humberto Schiavoni.

“Hace 30 años hicimos una ley para que los pacientes que iban a morir por esta enfermedad tuvieran acceso al medicamento. Hoy estamos haciendo una ley para que a todos estos pacientes que no tienen por qué morir puedan tener acceso, por ejemplo, a un sistema de jubilación especial”, comenzó destacando Pablo Yedlin (FdT) cuando, luego de más de siete horas de sesión, comenzó finalmente el debate que sancionó la nueva ley de VIH que contempla también hepatitis virales, tuberculosis e ITS. La iniciativa, además de apuntar a erradicar prácticas discriminatorias (como establecer la prohibición definitiva de la prueba del VIH y otras ITS como parte de los exámenes preocupacionales), incluye la posibilidad de jubilarse anticipadamente para aquellas personas de 50 años que viven hace 10 años con el virus y tienen al menos 20 años de aportes. A su vez, permite acceder a una pensión no contributiva de carácter vitalicio en casos de situación de vulnerabilidad social.

Con decenas de activistas y militantes observando el desarrollo desde los palcos, la sesión tuvo un fuerte contenido emotivo, con aplausos y abrazos cada vez que un senador hablaba. “Cuando apareció el virus los enfermos de VIH no recibían ni un abrazo. Este es el estigma que por ignorancia o prejuicio sostiene que una persona con VIH fuera una persona peligrosa. Como si hablar de SIDA nos conectara con nuestro profundo miedo a morir”, reflexionó Silvia Sapag (FdT), en un sentido discurso en el que hizo hincapié en la estigmatización que aún persiste. Siempre mirando hacia los palcos, la senadora neuquina cerró su discurso: “Esta ley está cargada de solidaridad, de compasión y de respeto. Cambia el paradigma, como dice Lucas Fauno, al pasar de vivir en la emergencia, a vivir con calidad. Calidad que implica tener derecho a la salud, a la protección social, al trato digno y a ser respetados y amados”.

“Con esta ley vamos a salvar vidas”, señaló la fueguina Eugenia Duré (FdT), quien volvió a hacer hincapié en el mapa de la enfermedad que ya había señalado Yedlin: en Argentina más de 140 mil personas conviven con el virus, el 17 por ciento desconoce su diagnóstico y más del 30 por ciento conoció su diagnóstico en un período tardío de la enfermedad. El proyecto propone también la producción nacional de medicación e insumos y, durante el debate, se destacó la necesidad de tener asegurado el presupuesto para la compra de medicamentos: “No olvidemos que entre 2016 y 2019 no ocurrió”, deslizó Sapag, entre los aplausos que salían de los palcos.

El único senador de la oposición en hablar fue el radical Mario Fiad, quien celebró que la nueva ley “vino a actualizar la ley vigente que lleva muchos años” teniendo en cuenta “una perspectiva de derechos humanos”, pero cuestionó que “estamos llegando tarde”. Fiad, al igual que gran parte de Juntos Por el Cambio, votó a favor de la ley. Hubo solo una excepción: el titular del bloque PRO, Humberto Schiavoni, que fue el único senador de les 61 presentes que votó en contra.

Finalmente, cuando el reloj marcó las 10 y 20 de la noche, las decenas de activistas y militantes que estaban siguiendo la sesión desde los palcos y la plaza del Congreso estallaron en aplausos. Había sido un largo camino: más de ocho años desde el comienzo de su tratamiento, de los cuales cuatro veces se logró que comenzara a ser debatido solo para después perder estado parlamentario. “Se sancionó una deuda histórica con los activismos y militancias. Pero no solo eso, sino que es un reflejo de lo que necesita nuestra salud pública. Por eso es tan importante y tan preocupante que se haya pateado tanto, de pensar que nuestras vidas no son prioritarias, de que nuestros derechos no son urgentes”, indicó a este diario el periodista y activista VIH+ Lucas Fauno, quien celebró la sanción de la ley junto a las numerosas organizaciones que habían montado un escenario en la plaza frente al Congreso. “¡Es ley!”, festejaban les activistas, mientras la música de los parlantes comenzaba a sonar cada vez más fuerte.

Fuente: Página 12

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