El recuerdo de Carlos Miggoni, la Ley Castrillón y la Criptopolítica

Por Rubén Bonelli

Hacen ya 11 años que Carlos Miggoni se fue de gira artística. Su legado ha quedado en aquellos que lo conocieron en el ámbito de la cultura, de la política, del periodismo (por algo partió un día como hoy). En fin; el Gordo, como cariñosamente le decíamos, era un hombre orquesta. Desde coser un lienzo, pintar unos pasacalles, cocinar unos ricos guisos o hacer torta fritas. El Gordo todo lo sabía hacer y bien.

Con él tuvimos la loca, pero justa idea de conformar una lista de precandidatos a concejales allá por el año 2006, disputándole a la oficialista que llevaba como precandidato a Angel Giano, que corría como siempre con el caballo del comisario.

Recuerdo que, a la presentación de la Lista Nº 71, que llevó como precandidato a senador a Fabio “Nino” Castellano, la hicimos en el Consejo Departamental del Partido Justicialista, un 17 de Octubre.

Ley Castrillón

Nuestro primer escollo en la aventura, fue que al momento de la oficialización de la Lista, la Junta Electoral manejada por los mismos de siempre, no nos permitió “pegar” nuestra boleta con el resto de los candidatos, por lo que tuvimos que participar con la “cortita”, es decir con el precandidato a senador y los concejales, mientras que la encabezada por Giano iba en la sábana completa, desde el gobernador, el senador, hasta el último concejal, lo que de alguna manera era muy difícil de competir de igual a igual.

Otro gran problema fue el día de la elección, cuando en más de 15 urnas no vino nuestra lista, lo que generó que durante las primeras horas del acto eleccionario, en varios cuartos oscuros había faltante de nuestras boletas.

Aún así, nuestra derrota electoral, fue un triunfo moral. Dejando en claro que cuando se quiere, se puede participar. A 16 años de aquella gesta, que dejó al descubierto las falencias de la Ley Castrillón, que Carlos Miggoni y nosotros condenamos con improperios, todavía está vigente. A algunos dirigentes les sirvió para atornillarse en lugares preponderantes del poder. Colocar a familiares y amigos en lugares de grandes decisiones, relegando a la militancia a un absurdo ostracismo.

Criptopolítica

Hace 11 años que extraño nuestras charlas políticas con el Gordo. Ni quisiera imaginarme si estaría viviendo hasta hoy con nosotros. Seguramente estaría militando para que se derogue tremendo mamotreto jurídico que sirve y sirvió para los intereses y goce de unos pocos. Y hablando de pocos, quiero referirme a la desvinculación de la mayoría de la dirigencia del peronismo con el resto de la militancia y los ciudadanos de a pie. Hoy asistimos a una especie de criptopolítica con aires monárquicos. Nuestros dirigentes no se los puede tocar más, no se los puede abrazar, no se puede dialogar, ni menos criticar. Uno los ve únicamente a través de las redes sociales y cuando realizan un acto, nos enteramos ese mismo día, también a través de fotos que suben a las redes sociales. Hace 15 años que vienen con la elección de los candidatos a dedo, entre cuatro dirigentes, con el cuento de las listas “unidad”. Hoy leí las declaraciones de Enrique Cresto sobre las futuras Paso y la Ley Castrillón. Se refiere y habla únicamente de dirigentes. Dirigentes que como él han sido beneficiados con la Ley Castrillón. Pareciera que no ha escuchado al Pueblo peronista y las urnas.

Creo que hay que hacerse cargo de la derrota y no mirar y echar culpas para otros lados. Eso seguramente diría y sería un anhelo del Gordo, que hoy no está físicamente entre nosotros, pero sí en nuestros corazones, aunque algunos lo quieran esconder, él está con su cincel, haciendo ruido en nuestras cabezas.

Redaccion-Uno

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.