La abstención emerge como el recurso transversal para aprobar el acuerdo con el FMI

Antes de viajar a Rusia, China y Barbados, el presidente Alberto Fernández se preocupó por resolver el reemplazo de Máximo Kirchner en la conducción del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados. Oficializó la designación del santafesino Germán Martínez, mano derecha del exministro de Defensa Agustín Rossi. Cerró ese punto y se subió al avión para iniciar la gira al día siguiente en Moscú. Cuando regrese esta semana, retomará el hilo legislativo para ordenar el tratamiento del acuerdo con el FMI en el Congreso. Falta que decida si lo enviará al Senado o a la Cámara Baja, pero la procesión va por dentro del oficialismo desde que Fernández anunció el entendimiento con el Fondo y dos días después Kirchner pegó el portazo para exhibir su desacuerdo. En JxC tampoco la tienen fácil, aunque sus tribus coinciden en valorar el pacto, siempre y cuando no deje un tramo imposible de pagar después de 2024.

La dimisión a la jefatura del bloque desató, como nunca antes, un debate interno sobre las consecuencias políticas de la negociación que conduce el ministro de Economía, Martín Guzmán, con el Fondo. Sobre esa complejidad deberá trabajar el gobierno para garantizar que la designación de Martínez sea la prenda de unidad que le permita al espacio aportar la mayor cantidad posible de votos, sin poner en riesgo la cohesión del bloque.

Solo ha pasado una semana desde el anuncio del entendimiento. La letra chica se conocerá dentro de un mes e incluirá el punto más delicado de la negociación: hasta dónde llegará el ajuste y cómo hará el gobierno para cumplir con la reducción del déficit público que debe llegar a cero en 2025. El principio de acuerdo desintegró el fantasma del default y le quitó un argumento tan ordenador para Juntos por el Cambio como su antikirchnerismo. El estado asambleario del oficialismo desde la renuncia de Kirchner dejó en un segundo plano que la alianza opositora transita un camino difícil para llegar al recinto con una posición común. Como era previsible, los socios de JxC se debaten entre el llamado a la responsabilidad, las conveniencias de que Fernández ejecute una parte del trabajo sucio y las ilusiones de volver al poder en 2023.

Tanto en el FdT como en JxC asumen que no habrá una votación unificada de sus integrantes. Del entendimiento al portazo, el macrismo duro pasó de la cautela inicial de considerar «positivo» el anuncio, a lanzar un desafío a Fernández. Le propuso que derogue la ley que obliga el tratamiento legislativo del endeudamiento soberano. Sin esa norma, el Ejecutivo puede aprobar el acuerdo por decreto y hacer lo mismo que hizo Mauricio Macri en 2018: decidir el endeudamiento sin consultarle a nadie, salvo a su entonces ministro de Finanzas, Nicolás Dujovne, que delineó todo desde su casa.

El radicalismo todavía mastica ese momento con inquina y rencor, con la intensidad de las vendettas calabresas que caracterizan a Macri. En la UCR aseguran que se enteraron sobre los hechos consumados. Cuando Macri se los dijo, tanto Ernesto Sanz como el entonces titular del partido, Alfredo Cornejo, le advirtieron de la necesidad de aplicar controles cambiarios para evitar una eventual fuga. El fundador del PRO aplicó el cepo después de perder las elecciones por un segundo mandato y dejó en claro el lugar que le deparaba a la UCR en la toma de decisiones.

Cada uno de esos hechos está fresco en la memoria reciente de la UCR. El desafío que lanzó Bullrich de eludir el Congreso para que nadie pague costos políticos fue muy criticado en la última Mesa Nacional de JxC, especialmente por el titular del radicalismo, Gerardo Morales. No fue la línea discursiva que habían acordado el viernes cuando se reunieron de urgencia por el entendimiento y le recordó que no «es la dueña» de JxC.

Macri no piensa muy distinto a Bullrich y sostiene que no hay que apoyar nada porque la información que aporta Guzmán es dudosa y escasa. En su núcleo duro ya no lo critican y sus seguidores dentro de los dos recintos del Congreso posiblemente sigan esa posición o cobren muy caro la posibilidad de suavizarse. En voz baja, otros socios de la alianza lo consideran una «caradurez» del expresidente porque sabe que le va mejor en las encuestas, a pesar de la imagen negativa que lo persigue.

Bullrich también está mejor posicionada. A fuerza de sondeos, el macrismo duro cree que hay que tensar hasta el final, pero sus dirigentes ya no anticipan la crisis terminal que le pronosticaban a la segunda mitad del mandato de Fernández.

La aparente dureza del macrismo de paladar negro ya cosechó resistencias cristalizadas. Morales quiere que el radicalismo acompañe, aunque el bloque partidario en Diputados está divido en dos partes desde diciembre. Hay una negociación para reunificarlo en marzo, pero los puentes están congelados entre quienes se quedaron dentro el bloque, liderados por Mario Negri, y los 12 que rompieron y responden Rodrigo De Loredo, Emiliano Yacobitti y el senador Martín Lousteau.

Con ese problema irresuelto, a Morales también le entusiasma la «salida republicana» que propone la Coalición Cívica. Le reclaman «responsabilidad» a Macri y a Bullrich y proponen abstenerse. Este sábado, en plenario federal de la fuerza que fundó, Elisa Carrió se refirió al tema: «Nuestra posición es de principios. Primero la república, luego honrar las deudas. Sostener principios sin poner en riesgo la institucionalidad. Tenemos el deber de evitar que seamos una nación inviable».

El camino de la abstención también podría ser utilizado por un sector del PRO e incluso por el alcalde Horacio Rodríguez Larreta, que acuerda con Morales en asumir la responsabilidad del endeudamiento que Macri elude sin autocrítica alguna. Así como la abstención aparece como una salida, hay un sector de macristas, radicales y lilitos que quisieran votar a favor.

La idea de la abstención no es un invento de la Coalición Cívica. El bloque Córdoba Federal, que responde al gobernador Juan Schiaretti, planteó lo mismo. Dará quórum pero sus diputados se abstendrán, como una forma de no entorpecer pero dejarle la responsabilidad al Ejecutivo. Es la misma chance que podrían adoptar los demás socios del interbloque, donde están el lavagnismo y el socialialismo.

En el oficialismo esos tironeos ajenos no pasan inadvertidos. Son los archipiélagos donde su flamante jefe de bloque deberá cosechar respaldos. Tendrá que hacerlo simultáneamente con los poroteos dentro del panperonismo. La salida de Kirchner impacta en los 18 diputados que responden a La Cámpora, los tres del Frente Patria Grande y los dos de la Corriente Clasista y Combativa. En el FdT algunas fuentes consultadas aseguran que votarán en contra, pero es posible que la abstención sea un recurso útil para una parte de ese universo. Todavía no se conoce la letra chica y la Casa Rosada ya anticipa que no habrá posibilidades de incluir cambios.

Más allá de esa veintena de voluntades, quedan otras 90 bancas de los demás espacios del oficialismo. En todas sus latitudes cuestionan a Guzmán. Ese humor lo blanqueó Cecilia Moreau en diálogo con FM Futuröck. “Siento que no tuvo la dedicación que tendría que haber tenido para conversar al bloque”, lanzó la vice del bloque oficialista, que presentó su renuncia, pero podría ser ratificada por Martínez. «Tenemos compañeros que están a favor y otros tenemos diferencias y preocupaciones», aseguró.

En el Senado es donde todavía no emergen diferencias claras en el oficialismo, pero CFK no ha dicho una palabra al respecto. Solo el presidente dijo que ella no coincidía con la decisión que adoptó su hijo. El bloque que conduce José Mayans ya no tiene quórum propio y cuenta con dos aliados para obtenerlo. Así puede construir una primera mayoría que agilice el debate sobre el pacto, siempre y cuando la letra chica no confirme el temor del trance imposible. Uno de esos respaldos que posibilitaría el quórum es el rionegrino Alberto Weretilneck. Fue el antecesor de la gobernadora Arabela Carreras, que desde el martes es parte de la comitiva que acompaña a Fernández por Asia.

Si el texto ingresa por la Cámara Alta será un termómetro que podría impactar en Diputados, pero hay algunos antecedentes que invitan al enigma, más allá del silencio de CFK. El bloque que lidera Mayans fue el impulsor de la declaración que aprobó el recinto para reclamarle a Guzmán que los Derechos Especiales de Giro del Fondo no fueran para pagar la deuda. El senador formoseño también preside la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda Externa y fue uno de los encargados de frenar la investigación del crédito récord del Fondo, cuya refinanciación será debatida por el Congreso y cerrará las chances de discutir su legitimidad. Una tranquilidad para Macri. Una espina para el kirchnerismo.

Redaccion-Uno

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