Yacanto y los Hartmann

Por Julieta Ferrer

Entre largos zigzagueos, por las interminables curvas y contra curvas que nos llevaban a destino, hubo un momento que nos hizo detener. La vista nos llevó hacia un lago azul, que parecía ser de un cuento, de esos donde habitan monstruos mitológicos que emergen de las profundidades, duendes que asoman detrás de algún viejo árbol y hadas que nos eclipsan con sus varitas chispeantes de magia, que se dejan ver solo en sus orillas. Aunque nada de esto es veraz, lo fue en ese momento para mi imaginación. Porque no me alcanzaba el sentido de la vista para apreciar tanta belleza. Necesité meterme dentro del lugar para verle el alma.

Nos sacamos un par de fotos y continuamos nuestro camino, nuevamente, por las interminables curvas.

Después de subir, unos 1.200 metros sobre el nivel del mar,  una bandera Argentina nos saludaba como dándonos la bienvenida. Y así era. Llegamos a nuestro destino después de casi nueve horas de viaje. Villa Yacanto, localidad de la provincia de Córdoba era una realidad. Caía la tardecita y una llovizna perezosa, que apenas mojaba el parabrisas ofició de presentadora: el paisaje más bello estaba frente a nuestros ojos. Montañas, valles, y un cielo que parecía estar sobre nuestras cabezas fue el inicio de nuestra estadía en ese hermoso lugar.

Casa Campo, nuestro lugar de hospedaje. A cargo de los muy amables y atentos, Claudio y Alejandra. Hermoso por donde se mirara. Amplias galerías ornamentadas con estilo campestre y colonial. El interior de nuestro apart, seguía la misma línea del exterior, pero más acogedor y delicado. Decorado con artículos de antaño, como una vieja radio, una plancha a carbón, un fonógrafo de gran porte, entre otros objetos de gran valor histórico, le daban un toque de distinción. En el exterior, dentro del perímetro había dos carruajes en muy buen estado de conservación y un molino.

Esa noche nos agasajaron con asado y pollo al disco en un gran quincho circular. Al igual que la posada, contaba con elementos que databan largas historias. En el centro había como un círculo (parecido a un pequeño anfiteatro) y en el medio todo lo necesario para encender más brasas para calentarnos (como lo hicimos esa noche) o para hacer una rica carne a la estaca.

Más allá de los hermosos días que nos tocaron para poder visitar (a nuestro modo de parsimonia) los magníficos lugares que conocimos como El Durazno que es un barrio aledaño a la localidad, que tiene la particularidad de que sus habitantes viven prácticamente sobre las laderas de las montañas, tienen un pequeño embalse por el cual cruza un río que le aporta un nuevo destino por conocer. Santa Rosa de Calamuchita, una ciudad en pleno valle, completa en cuanto a servicios. Queda a unos 36 km. de Yacanto. El Puente Blanco, lugar paradisíaco, debajo del puente corre un río dibujando cascadas naturales. Piedras redondas, de diferentes colores y compuestos se dejan ver en el fondo de sus aguas cristalinas. Una playa de pedregullo la rodea junto con la vegetación propia que nos ofrece toda su geografía.

Hago un capítulo aparte para una familia que fuera oriunda de nuestra ciudad, y hace casi veinte que está arraigada allá en lo alto, donde el cielo se puede tocar con las manos, y donde vi con mis propios ojos, que el sol duerme detrás de las montañas. Con mucho amor y respeto, me refiero a los Hartmann – Berthet. Ambos reconocidos arquitectos que ocuparon cargos dentro de la provincia de Entre Ríos, como de la municipalidad de Concordia, donde dejaron marca registrada en sus obras. De ellos, los suceden cuatro hijos, Nicolás, Lucas, Nadia y Marcos. De ellos, Hartmann padre se fue de esta tierra de vivos siendo como lo fue siempre, un hombre de palabra, que iba al frente cueste lo que cueste, y a quien le cueste. Un hombre que defendió sus ideales hasta el último día. Un hombre que dejó a su propia familia un 24/12 sin su presencia, para llevar a un amigo, compañero de vida y a los suyos hasta su ciudad natal, para que pudieran pasar todos juntos la Navidad, porque no se veían hace mucho tiempo. Esta y otras tantas historias que me hicieron esconder las lágrimas de emoción. Que me hicieron traer al presente aquel hombre del que toda su familia hablaba. Estaba ahí. Él estaba en cada uno de ellos.

Hoy, sus sucesores son todos adultos. La Arquitecta (Mónica) Berthet es quien no solo sigue realizando proyectos, para que otros cumplan sus deseos de la casa o el negocio propio. Sino que además, sigue siendo quien ayuda y apoya a sus hijos en los de ellos.

Aún hoy, aunque ya han pasado casi diez años desde la partida de su compañero de vida, el Arquitecto Víctor Hartmann, se puede apreciar el brillo en sus ojos cuando lo nombra “al Alemán”.

Como verán, este viaje fue más que paisaje y descanso. Fue historia viva. Fue emoción por el que no estaba ahí, pero que sí seguía vivo dentro del alma de su familia.

Este viaje fue un gran aprendizaje sobre el amor más allá de la vida. Porque más allá de donde estemos, lo importante es lo que hacemos mientras vivimos para que otros nos recuerden con afecto por el resto de sus vidas.

Yacanto no fue un lugar más por conocer. Fue el lugar más entrañable por el que quisiera volver.

Redaccion-Uno

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