Es la economía, estúpido!

 Por Ernesto Jauretche
Para algunos de los que creen que la última crisis posPASO no fue más que un round de catch ganó Cristina; para otros ganó Alberto.
En rigor, para citar al innombrable, “el que se enoja pierde”. Y la que se enojó fue Cristina. Por un lado Alberto, desde una flema de inspiración británica, conquistó el objetivo referido por el célebre autor de El Gatopardo: cambiarlo todo para que nada cambie. Por otro lado, ¿cómo va a regresar Cristina del ultimátum fulminante que le dedicó a Alberto? Salvo que las razones de la última epístola de la vicepresidenta constituyan apenas un irresponsable intento de “salvar la ropa” y no pase nada, sólo se puede atinar una explicación: el problema de fondo no son las cifras del comicio del 12 de setiembre sino los términos del acuerdo con el FMI, de los que cuelga el presente y el futuro de la Nación. ¿Habrá una negociación oculta que los ciudadanos de a pie no alcanzamos a ver? Porque de otra manera no se entiende nada.
¿El gobierno pretendía conseguir votos a través de la promoción del feminismo, el DNI no binario, el discurso del “goce”, del “fumo”, del “garche” en plena crisis económica y social? No. No es esa la agenda de los argentinos. ¿Los varios tiros en el pie que jalonaron la administración en los últimos tiempos son consecuencia del inapelable riesgo de conducción? El pueblo no se distrae.
¿Qué quiso decir Alberto entonces?: “la gestión de gobierno seguirá desarrollándose del modo que yo considere conveniente”. Qué, ¿no tiene responsabilidad por la pobreza, el desempleo, el hambre, la inseguridad, la desinversión, la deuda, el deterioro educativo porque corren por cuenta exclusiva de la pandemia? No Alberto: corren por cuenta de una política económica y social equivocada.
Lo menos que esperamos es que, frente al cachetazo de las urnas, reconozca y corrija sus errores: un club de amigos no sirve para gobernar; no faltan talentos sino coraje. Explíqueselos al pueblo y señálele cuál será el nuevo camino. Si evita hacerlo tendremos derecho a pensar que piensa seguir el mismo rumbo de colisión.
En general, es consenso que en términos de número el resultado de las PASO señala la perseverancia del voto cambiemita, que no crece: hay ahí nuestra oportunidad. En cambio refleja una fuerte deserción de votantes del Frente de Todos. Esto es: fueron los sectores más desposeídos, que conforman la base electoral del peronismo, los siempre fieles, quienes se retrajeron por falta de convicciones y entusiasmo o “castigaron” al gobierno que eligieron contra viento y marea hace apenas un par de años.
Sin embargo, como respuesta a semejante advertencia de aquellos que a los peronistas nos interesan, con pocas excepciones, las correcciones en el gabinete, hasta ahora, fueron cosméticas. Con excepción de Educación, Seguridad y Agricultura no imponen transformaciones profundas en la cotidianeidad de la vida de nuestra gente de clase media o pobre. La demanda social reclama cambios en los ministerios de Economía, de Desarrollo Productivo, de Transporte, de Obras Públicas, donde anidan las políticas económicas más cercanas al ajuste que reclama el FMI que a las necesidades de nuestro pueblo.
Salvo que atrás de la riesgosa jugada de Cristina al emitir juicios lapidarios contra la gestión de Alberto Fernández se oculten razones que los ciudadanos de a pie no alcanzamos a vislumbrar, la escalada de la crisis conduce a un escenario catastrófico.
Peronistas moderados que arriman al sentido común neoliberal ven en Alberto una conducción. Peronistas leales, apegados a una historia de pueblo en lucha, apuestan a la conducción de Cristina. Pero ni Alberto ni Cristina están fomentando la participación y la organización popular. Ni siquiera lo consultan, existiendo poderosos medios de comunicación que el Estado de Alberto escamotea.
La crisis institucional que desató la derrota del Frente de Todos en las PASO recién empieza. De una manera o de otra, la terminará resolviendo el pueblo trabajador y no los cenáculos nutridos de académicos porteños e intelectuales de elevado prestigio en los ámbitos internacionales.
Me prosterno ante el texto que Juan Falú difundió ayer, que no deja nada mejor por decir.
Si Perón viviera estaría llorando: nadie lo nombra.
Ernesto Jauretche
La Plata
18/09/2021

Redaccion-Uno

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