Libres o condenadas sociales?

Si bien, desde hace más de un siglo las mujeres venimos “conquistando derechos”, también es verdad que con ellos vienen alienados, como basura extra de la red, los prejuicios y las condenas sociales, que no son más que los accesos directos a la violencia que recibimos diariamente, y en muchos casos, hasta la muerte.

Según un informe de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de la Nación, en el año 2020, hubo 251 femicidios. El primer semestre de este 2021, 137 mujeres asesinadas, lo que arroja un promedio de uno cada 31 horas Dentro de las características principales de las 137 víctimas, de acuerdo a un relevamiento del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación (OFDPN), 55 tenían entre 19 y 30 años, mientras que 47 se encontraban entre los 31 y 50 años, 18 tenían más de 50 años y 14 eran menores de 18 años.

Esto demuestra a las claras, que la mayoría de estas mujeres estaban iniciando una carrera, entrando al mundo del emprendimiento, realizándose en algún oficio, o simplemente, terminando relaciones en las cuales eran violentadas física o emocionalmente. Mujeres madres, mujeres líderes, mujeres con ganas de progresar, de avanzar. Quedaron tres metros bajo tierra, con un final anunciado. Porque la mayoría de ellas, ya había radicado la denuncia.

Existen cifras en el mundo del trabajo que tampoco podemos dejar pasar. Cifras en donde hemos ganado espacios, pero también es verdad, que el respaldo del Estado, a través de las leyes, es nuevo, y con muchos traspiés.

La igualdad de género en los espacios de decisión es un componente central de nuestra autonomía, algunos informes demuestran que las mujeres tenemos una menor participación en cargos ejecutivos, legislativos y judiciales de los tres niveles de gobierno y en cargos directivos del sector privado y de empresas del sector público, dejando en evidencia la presencia de los denominados “techos de cristal” que nos dificultan a puestos de toma de decisión.

En Argentina, en el año 1991 se aprobó la ley de cupo (Nº 24.012), para incrementar la participación de mujeres en las listas electorales legislativas y en 2017 se implementó la ley de paridad de género (N° 27.412) que establece que las listas para elecciones legislativas nacionales y del Parlamento del Mercosur deben presentarse ubicando mujeres y varones de manera intercalada.

En el ámbito empresarial la Resolución General 34/2020 de la Inspección General de Justicia emitida hace un año (modificada posteriormente por la  Resolución General 35/2020) estableció que las sociedades y asociaciones que se inscriban en sus registros deberán incluir en su órgano de administración una composición que respete la diversidad de género (la misma cantidad de miembros femeninos que de miembros masculinos).Incluye también a las empresas con participación estatal (EPE) o empresas públicas.

Como ven, varias leyes nuevas, pero se cumplen en la realidad?  La mayoría de los artículos referidos a la paridad de género relacionados a cargos de poder, están escritos en potencial. Sobre todo, los relacionados a empresas privadas, o las mismas EPE.

De las leyes a favor de la paridad, a la realidad del día a día.

La mujer que decide progresar y avanzar en su profesión, si tiene hijos, debe ser quien organice la vida paralela a su trabajo, con quien quedan los chicos, quien los retira del colegio, el almuerzo, la cena, el orden de la casa. Y si no tiene ingresos suficientes para contratar a alguien que la ayude, debe hacerlo ella misma en los momentos que deberían ser de ocio o de esparcimiento con su familia. El resto del tiempo, se lo “debe” dedicar a sus hijos, y si queda algún vestigio, a las relaciones sociales, paseos, o seguir capacitándose.

Los hechos acontecidos los últimos días, deja muy en claro que la lucha continúa, y que las mujeres seguimos estando en el “ojo” de todos. Nuestro pasado es tan condenado, como un presente con aires de libertad. La mujer que decide progresar en su profesión, debe enfrentarse no solo al mundo “machista” de los hombres, sino que además, estar preparada para que otras mujeres, también machistas, la señalen, vapuleen y la enjuicien por no cumplir con viejos y paupérrimos mandatos sociales. La “sororidad” muchas veces la recibe quien posee alma de mártir. Y no aquella quien tuvo que romper estereotipos, quien prefirió ponerse en primer lugar o quien eligió ser lo que la “sociedad” no quería que sea.

Como verán, si ponemos todo lo antes dicho en la balanza, hasta ahora sigue ganando la condena, pero con pequeños “premios” que son los que nos reconfortan, por el mero hecho del logro en sí. Nos debemos respeto, y profunda reflexión como sociedad. Nos quieren vivas para criarlos y asistirlos, pero nos “matan” en el primer intento de ser nosotras mismas.

 

Prof. Julieta Ferrer

Redaccion-Uno

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