Usar la Constitución como brújula: una práctica recomendada
07/04/2021

Columna

Usar la Constitución como brújula: una práctica recomendada

Existen máximas que se aprenden los primeros años en la Facultad de Derecho: Nadie puede alegar el desconocimiento de la ley; la ignorancia del derecho no es excusa (Ignorantia juris non excusat) ; nadie puede ser escuchado alegando su propia torpeza. (nemo auditur propriam turpitudinem allegan), son expresiones en latín o brocárdicos, que encarnan principios tan trillados como difundidos, que fueron heredados del derecho romano y aún perduran. No necesitan de mayores explicaciones.


 Por Julio César de las Mercedes (profesor de profesores)

Se supone que es una torpeza como una acción que devela la cualidad del torpe para cualquier persona con alguna  aunque sea mínima instrucción jurídica, por falta de habilidad, empeño o cuidado en apropiarse de básicos saberes, desconocer el contenido de las normas jurídicas  y las atribuciones de los distintos organismos de la Constitución. Esa torpeza se acentúa si es abogado u abogada quien yerra. Se potencia o multiplica aún más si la misma persona es integrante de la magistratura, y es gravísimo cuando no directamente escandaloso, si a su vez, es también dirigente máxima del organismo que nuclea a los y las magistradas y los representa.

En el mundo actual de nuestra precaria institucionalidad entrerriana, (una mezcla criolla del “todo vale veinte” con la legendaria enseñanza   del “todo pasa”, donde la ciudadanía atónita es testigo de quienes transitan deslizándose alegremente por el viaducto del “sálvese quien pueda,” ) no terminamos nunca de perder la capacidad de asombro, porque la realidad supera a la ficción. Parangonando al gran Discepolín, estamos entre la Biblia y el calefón. El que llora amargamente a gritos es el estado de derecho.

Reviste una inusitada gravedad institucional que la Presidenta (o Presidente) de la Asociación de la Magistratura, Dra. Gabriela López Arango demostrando en su cándida buena fe una supina ignorancia inexcusable del derecho en el mejor de los casos o ser parte de una artera maniobra oscura pergeñada en los inaccesibles laberintos enmarañados del poder con mala fe en el peor de los supuestos que no sepa   que de las atribuciones del art. 204 de la Constitución Provincial no emerge atribución disciplinaria que pueda ejercer el Excmo. STJER respecto de sus integrantes y que la ley 6902 encomienda el control de la conducta de todos los integrantes del Poder Judicial en cuanto se refiere a la actividad judicial y al ejercicio de la función.-

Semejante ignorancia contemplada con los lentes de la inocencia de la buena fe u observada como una maquiavélica manifestación palmaria de una inconfesable mala fe si nos paramos en el extremo contrario,(una u otra opción la dejamos a elección del lector o la lectora) fue validada , ni más ni menos por el pleno del máximo órgano judicial provincial en fecha 5/4/21, que sin decirlo, la mandó a leer dichos textos.-“Los libros no muerden” diría mi abuela

Esta circunstancia nos muestra de frente el rostro más espeluznante de dirigentes sin rumbo, que quizás privilegiando intereses de unos pocos vivos, olvidan los de la mayoría.

Con éstas líneas si bien reconocemos la alta dosis de audacia que exhibe su accionar casi temerario, le recomendamos a la Dra. López Arango use de brújula a la Constitución. De esa forma no hará caer aún más la credibilidad del ya dañado poder judicial en una isla desierta cual Robinson Crusoe

Los ciudadanos y ciudadanas (contribuyentes que con nuestros esfuerzos financiamos sus suculentos sueldos en plena crisis) miramos espantados el dantesco espectáculo que es fruto de un mediocre guión.

Si elige ser guiada por la Constitución a la que juró no traicionar, (hoy un juramento, mañana una traición decían Gardel y Le Pera en el inolvidable “Amores de estudiante”) evitará en el futuro incurrir en desvaríos como el narrado. Esto redundará en beneficio de una sana institucionalidad

La calidad institucional es bastante más que una marketinera frase hecha. Tiene espíritu, el que exige al cuerpo estable de actores que nutre la democracia, que no se convierta en una   Commedia dell'Arte, con mimos y acróbatas enmascarados en el estrado. Sólo así estará garantizada la defensa de los derechos de las personas, en el que están en juego la vida, la libertad, la propiedad. Por ahora se asemeja a una distante ilusión.


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