Urribarri y el dolor de ya no ser
04/02/2019

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Urribarri y el dolor de ya no ser

El sector del peronismo enrolado con Sergio Urribarri y Julio Solanas, realiza hora a hora maniobras desesperadas para lograr la “unidad”. O sea, la posibilidad de insertarse en las listas de Gustavo Bordet, logrando el urribarrismo no quedar expuesto –en una eventual candidatura por fuera o por dentro de su partido- a una magra performance electoral que le reste visibilidad nacional y protagonismo ante Cristina Fernández de Kirchner. Pero también, sin fueros, a más tardar a fines del 2019, tanto el ex gobernador como otros allegados, terminarían en la cárcel por delitos de corrupción, en virtud de la sumatoria de causas. Y lo otro: forzar un acuerdo, es también la posibilidad de mantener la presidencia de la Cámara Baja y seguir con el control y despilfarro de una caja que ya demasiados dolores de cabeza le trajo a la provincia, a la que le robaron más de 2000 millones de pesos en contratos legislativos truchos, sin que nadie se ruborice y donde Urribarri y varios integrantes de su familia, además de estar presos, tienen directa responsabilidad.


De ANÁLISIS DIGITAL

Afrontar una campaña provincial, le implica a Urribarri varios riesgos. Si no lograra ingresar nuevamente como diputado provincial con su lista, quedaría sin fueros ante el Poder Judicial entrerriano, que sigue varias causas en su contra, hoy virtualmente paralizadas por su condición de legislador. Igual situación tiene Pedro Báez, diputado de su sector, con varios procesos judiciales en marcha y serio riesgo de condena futura, como así también el cuñado del ex gobernador, Juan Pablo Aguilera y el hijo del ex, Mauro Urribarri.

Otro de los riesgos es perder el dominio de los fondos de la Cámara de Diputados, que hasta ahora Urribarri ha utilizado en forma discrecional para sostener su visibilidad política, pese a que en la Cámara y como diputado tuvo escaso o nulo protagonismo en estos años. No ha ido a comisiones, no ha presentado sino unos pocos proyectos y no adquirió relevancia alguna en temas que no fueran los políticos que le trabó al propio gobernador Bordet en el último año. Ejemplo de ello fue la reforma política impulsada por el Poder Ejecutivo, que, contradictoriamente, le hubiera significado una solución si se quiere a los problemas del decaído Urribarri, dado que en la reforma de boleta única se permitía ingresar a las listas de cada fuerza con la sola obtención del 15% de los votos de cada expresión partidaria.

Además, otro de los problemas que involucra al tándem Solanas–Urribarri, es que, de presentarse a la consideración de los ciudadanos, y obtener un magro resultado, la propia Cristina Fernández de Kirchner, en una eventual situación de candidatura presidencial que ya insinúa, estaría fijándose mucho más en la figura del gobernador Bordet, porque –se sabe- un triunfo provincial asegura una plataforma de votos que cualquier candidato a presidente no despreciaría en modo alguno, pero menos el peronismo.

Entonces, estas horas, son febriles en el sentido de las poco sutiles presiones, que se manifiestan en “reuniones por la unidad” de diferentes sectores o de quienes buscan ante la opinión pública instalar que el peronismo dividido pierde, insinuando que “no se puede dejar a nadie afuera”, de distintas maneras, se han convertido en predicadores de postulados que nunca sostuvieron y hasta ni marcan diferencias con el gobernador, en la búsqueda de una contención en las listas que –todo indica- Bordet no estaría dispuesto a dar. Aunque también pueden existir sorpresas, en función de las opiniones de algunos referentes de la costa del Uruguay, por ejemplo.

En el oficialismo se sostiene que Bordet estaría valorando la alta imagen negativa en la provincia y el recorte de votos que determinaría la sumatoria de Urribarri a la boleta o al hecho de compartir un escenario político. Sucede que en el grupo del ex gobernador existen referentes valiosos, pero también determinados personajes del peronismo de la década del ’90 y años posteriores, que no gozan de la aprobación de la sociedad entrerriana; por el contrario tienen el claro reproche por temas vinculados a casos de corrupción en el ejercicio de la función pública.

Se podrá sostener que Julio Solanas es diferente de Urribarri en ese sentido, puesto que en sus distintas actuaciones no ha tenido procesos por enriquecimiento ilícito ni defraudaciones, pero ocurre que cuando hay asociaciones o grupos de estas características, los dirigentes deben distinguirse, sin pretender que la sociedad separe lo que ellos no separan. “Son socios indiscutibles contra el gobernador, pero, paradójicamente, entendiendo su propia debilidad, hoy están tratando de que el propio Bordet les ofrezca un puente de plata para no disputar una elección demostrando sus propias fuerzas, sus reales méritos ante el electorado”, remarcan quienes se oponen a un eventual acuerdo de unidad.

Así las cosas, importa también a Sergio Urribarri, no perder la presidencia de la Cámara de Diputados para no verse más desapoderado de lo que ya está. Ha intentado y con éxito diversas estrategias, una de las cuales le ha salido bien por estos días, al lograr que el radicalismo le regale la decisión de no votarlo, pero tampoco votar al candidato que proponga el bloque que apoye al gobernador, conculcando así una tradición de cualquier organización parlamentaria, que no niega al presidente ni a los gobernadores la presidencia de un cuerpo.

Quizá el mundo radical o de Cambiemos ignore lo que la ciudadanía anhela. Quizá el frasco donde se encierran ciertas cabezas de dirigentes los haga equivocar. Quizá no, y reflexionen ante un hecho que parece inevitable: todo indica que Urribarri no presidirá más la Cámara baja porque no contará con los votos suficientes de su propio bloque y de otros bloques. Solo hará maniobras de subsistencia, pero la ciudadanía ya empuja otras decisiones. Probablemente se enteren a tiempo los dirigentes del radicalismo que aun están dispuestos a sostenerlo. Y que los errores se pagan caros.

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