Una de las víctimas del bioquímico Ríos asegura que todavía tiene fe en la Justicia
28/11/2019

Hablar de dolor para que nunca más vuelva

Una de las víctimas del bioquímico Ríos asegura que todavía tiene fe en la Justicia

Una de las víctimas que denunció a Carlos Antonio Ríos por abuso sexual cuenta en esta entrevista parte del horror al que su tío la sometió durante su infancia. Tras la activación de la causa asegura que “todavía tengo fe en la Justicia”.




 

C.G. es una sobreviviente de abuso sexual en la infancia. En 2015, denunció a su tío, el bioquímico Carlos Antonio Ríos, en los Tribunales de Concordia. Hoy, con más de 30 años, se convirtió en una mujer fuerte, sin odio y sin miedo, pero con innegociables exigencias de Justicia. “A mí la justicia me creyó, y quiero que esté preso”, asegura.

Tras conocerse la noticia de la activación de la causa en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, dijo que esto “es un crédito de esperanza a 5 años de haber hecho la denuncia. Todavía tengo fe en la Justicia, en saber que cuando una está preparada para contar todo hay esperanzas”.

“Poder hablarlo no es fácil, ponerle una voz a todo este dolor es una forma de sanarlo”, cuenta, y con contundencia afirma que “así como mi infancia estuvo marcada por todo este dolor, culpa, confusión, ahora es nuestro deber como sociedad hacerle entender a este tipo y los de su misma calaña, que no es que ellos son impunes, es nuestro deber hacerles pagar”.

 

Hablar del dolor para que nunca más vuelva
Sin bajar los brazos, C.G. y su hermana continúan el derrotero judicial esperando ahora la decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, donde avanza el expediente.

A casi 5 años de aquella decisión de denunciar, la menor de las hermanas accedió a esta entrevista en la que relata parte de aquel calvario y asegura “a mí la justicia me creyó, y quiero que esté preso”.

Tus vivencias de aquellos años, ¿cómo marcaron el camino de la Justicia que emprendiste en 2015?

Es un click interno llegar a este punto, fue todo un proceso. Un día tu cabeza dice ya no más, y entendés que lo que te pasó no puede condicionar toda tu vida. Hoy veo esa persona que fui, y no me reconozco, ya no me considero una persona cobarde, ni culpable. Ahora sé que el único camino es la justicia, la denuncia penal.

En aquel momento, cuando pasaba todo, yo sentía la culpa de que a alguien más le podía estar pasando algo, eso me carcomía la cabeza, que por mi silencio alguien más esté sufriendo en ese momento. Me torturaba su impunidad, y su total libertad, porque nadie sabía.

Él es una persona carismática, compradora, pero después está este monstruo que yo conocí, porque cada vez que me llamaba yo me escondía debajo de la cama.

¿Por qué yo me tengo que esconder? ¿Por qué yo tenía que mirar para todos lados cuando saliera de mi casa, con miedo? Eso me molestaba mucho, yo quería salir a la calle y no estar preguntándome si cada auto que pasa es él.

Antes le tenía miedo, hoy sé que es un cobarde, perverso, manipulador, pero no le tengo miedo en lo más mínimo.



A mi mamá yo le decía que por favor no contara nada. Estaba tan mal, que cualquier cosa me iba a hacer explotar. Siempre hubo apoyo, mi mamá no sabía qué hacer porque yo no quería hacer nada, se le pidió a él que se vaya de la cuadra, pero todo en el ámbito de lo privado. Él aceptó los hechos, pero los minimizó, dijo que fue “algo aislado”, qué absurdo, porque no fue una sola vez y aunque haya sido una sola… ¿no es grave?

La culpa de lo que me pasó la tiene una sola persona que ya sabemos quién es. Justamente, son tan astutos que nadie se da cuenta, si no, no serían tan peligrosos, la manipulación fue astuta, saben cómo hacerlo. Yo no culpo a nadie más que a la persona que tengo que culpar.

¿Cómo afrontás la exposición pública a la que necesariamente te llevó el haber hecho la denuncia?

Siempre están los que piden detalles y cuando los das, te juzgan. No sé qué pensaban que puedo ganar yo al exponerme haciendo la denuncia, yo lo único que quería era que vaya preso, basta de hipocresía. Mucha gente supo en su momento, muchas amistades, y todo siguió como si nada. Esos que necesitan los detalles morbosos para creerte, digo yo, ¿no es suficiente con saber que se excitaba sexualmente con una niña? ¡Una niña! ¿Eso ya no es perverso? Los detalles yo los dejé para Tribunales.

¿Cómo te sentís hoy?

Tranquila con las decisiones que tomé. Pude seguir con mi vida. Pude estudiar y hacer todo lo que quería. Trabajo, tengo pareja, no dejé que esto me detenga, porque si te detenés no resolvés nada.

¿Y qué pasó cuando escuchaste la decisión del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, que dictaminó la prescripción?

Una decepción total, porque habíamos superado todas las instancias previas. Ahora él piensa que está absuelto, que no es culpable, pero es culpable, lo que pasó es que por un tecnicismo prescribió, pero culpable es. A mí la justicia me creyó.

Si yo hubiese hecho la denuncia 10 años atrás, no hubiese llegado a nada. Todas las respuestas positivas fueron por el contexto actual en el que estamos. Basta de minimizar todo, basta de tabú, estas cosas hay que hablarlas, estas cosas pasaron siempre y pasan. Ojalá que todos hicieran la denuncia.

¿Crees que ahora se habla más de abuso sexual infantil?

Creo que tenemos que hablar más de estas cosas. Si alguien me hubiera dado pie antes, seguramente yo hubiera hablado, pero en ese momento nadie hablaba de abuso sexual, yo cuando era chica, y sucedían los hechos, sabía que eso no estaba bien, primero que era un secreto que no podía contar, pero era un secreto con una carga tremenda, porque yo sabía que no estaba bien lo que estaba pasando, y este secreto me generaba culpa. En la adolescencia yo me preguntaba y me carcomía por qué seguí yendo a esa “casa del terror”. Hoy puedo entender que era una niña y no podía elegir.

La educación sexual en las escuelas es un debate actual…

Yo te puedo contar lo que me pasó a mí. En un determinado momento, yo lo conté a una autoridad religiosa de mi escuela, imaginate, era el primer adulto al que le decía algo, y su respuesta fue que yo no diga nada porque iban a pensar que yo envidiaba el hecho de que mi prima tuviera papá y yo no –el papá de CG falleció cuando ella era niña-, ese fue su argumento y yo le creí. Tenía 14 años y esa respuesta lo único que hizo fue reafirmar mi miedo de que no me iban a creer. ¿Y yo qué hice? Seguí callando. Después de todo el esfuerzo que había significado para mí poder hablarlo, me dijo eso y tuve que seguir callada. Me lo tuve que seguir guardando. 

Fuente: JUDICIALES

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