Ansiedad y desánimo, efectos de la cuarentena sobre la salud mental
26/05/2020

Interés general

Ansiedad y desánimo, efectos de la cuarentena sobre la salud mental

Dos encuestas de la Facultad de Psicología, una al inicio del aislamiento y otra un mes y medio después, muestran incrementos en los trastornos del sueño, el consumo de alcohol y la automedicación, y una fuerte necesidad de acceder, aunque sea en modo virtual, a contención psicológica.


El prolongado aislamiento está haciendo mella en la salud mental de los argentinos, y muy probablemente en gran parte de la sociedad global asediada por la pandemia. Un pormenorizado informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA le ha puesto cifras a este esperable fenómeno. Según los resultados del trabajo, que no sólo da cuenta de la situación actual sino que sugiere políticas públicas para atacar el problema, la cuarentena ha modificado el descanso de las personas, incrementó el consumo de alcohol y hasta las intenciones suicidas y, sobre todo, puso de relieve la necesidad de una mayor contención profesional ante una coyuntura a todas luces fuera de lo ordinario.

El estudio, coordinado por el secretario de Investigaciones de la Facultad de Psicología, Martín Etchevers, fue presentado esta semana y contempla una comparación exhaustiva de dos encuestas: una llevada adelante entre los días 7 y 11 de la cuarentena (del 27 al 31 de marzo) sobre 2631 casos; y otra realizada entre del día 50 al 55 (del 8 al 12 de mayo) sobre 2068 casos. La intención era advertir los diferentes humores a medida que se extendía el aislamiento.

En líneas generales, se observó un aumento significativo de casos en riesgo de padecer diferentes trastornos psicológicos de acuerdo a seis síntomas (depresivos, distímicos, vegetativos, agorafóbicos, fobia social y desconfianza). Del 4,8% del total de encuestados, se pasó al 7,2% un medio más tarde. Por otro lado, en ambas pesquisas son las mujeres quienes evidencian padecer más el aislamiento que los hombres.

Otro dato que se desprende del informe es que, a mayor edad, menores son los niveles de estos síntomas psicológicos. “Es que las personas más jóvenes afrontan estresores mayores, característicos del ciclo vital, incertidumbre en cuanto a la vivienda, la inserción profesional y laboral, parejas menos consolidadas, embarazos, hijos pequeños”, argumenta en el estudio, que de todas maneras aclara que esto “no significa necesariamente que los adultos mayores tengan menos problemas”, sino que se habituan mejor a incorporarlos a su vida cotidiana.

El informe refiere que los sectores más vulnerables son los que “experimentan mayor riesgo de trastorno psicológico”. Por razones similares a las asimiladas a la juventud, están “más expuestos a la incertidumbre laboral, habitacional y económica”.

Consultados por cómo afrontan el malestar psicológico, entre una muestra y la otra se advirtió un aumento de la automedicación, de un 10,5% a un 13,5%; y el consumo de alcohol, de 8,1% a 11,5%. Las consultas psicológicas, suspendidas en modalidad presencial al inicio de la cuarentena, crecieron del 4,8% al 7,8%; y la conversación con amigos, a modo de confidentes, del 37% al 42,1 por ciento.

De modo inversamente proporcional, se contrajo la cantidad de encuestados que no experimentó malestar psicológico: de un 38,5% a un 31,6 por ciento. Es decir que casi siete de cada diez personas siente algún tipo de padecimiento mental.

Respecto a quienes se automedican, la mayoría lo hace por ansiedad (aumentó de un 18,4% a un 23%) y para conciliar el sueño (de 17,4% a 22,4%); en menor medida, creció la cantidad de personas que consumen medicamentos sin receta porque se sienten desanimados (de 7,4% a 10,2%), para relajarse (de 6,1% a 9,7%), y por “los nervios” (de 4,9% a un 6,8 por ciento).

Como contrapartida, disminuyó la ingesta de medicación relacionada con enfermedades previas, como hipertensión, diabetes o tiroides, entre otras. De un 73,9% pasó a 66,9 por ciento.


(Foto: Xinhua)

Tres de cada cuatro encuestados dijo tener el sueño alterado. Este es “uno de los síntomas más frecuentes, tanto en los trastornos de ansiedad como en la depresión. La disminución de la actividad física y la menor exposición a la luz solar en las grandes urbes alteran los ciclos del sueño”, se explica. También se desprende que al principio de la cuarentena, las personas solían dormir más, mientras que con el correr de los días, se acortaron las horas de sueño. En la primera muestra, el 41,5% dijo estar afectado por el insomnio, cifra que en la segunda trepó al 49 por ciento. “Puede estar asociado a preocupaciones acerca del curso de los eventos, la repercusión financiera, el desorden en los horarios, la dieta e innumerables factores alterados por este cambio en los hábitos y rutinas de las personas”, puntualiza el informe.

Además, menos de la mitad de los encuestados realiza actividad física en cuarentena. Curiosamente, se incrementó levemente la práctica del yoga, de 8,2% a 9,9 por ciento. Al revés, cayeron con el aislamiento las prácticas religiosas, de 20,1% a 17,7 por ciento.

El 44% de todos los encuestados sostuvo que su “vida sexual es nada o poco satisfactoria”. El informe coordinado por Etchevers menciona un trabajo anterior realizado por la Facultad de Psicología en 2019, que destacaba que “solo un 35% consideraba que tenía una insatisfacción sexual. Por lo que puede estimarse un aumento de alrededor del 10% en las opciones ‘poco satisfactoria’ y ‘nada satisfactoria’ durante la cuarentena”.

Otra de las conclusiones del trabajo es que el consumo de alcohol se incrementó a medida que se extendió la cuarentena: de 27,4% a 33,7%; lo mismo las drogas ilegales, de 27,5% a 35,7%; mientras que el consumo de tabaco disminuyó levemente, quizás por el faltante en los kioscos, de 48,2% a 47,8 por ciento.

Por último, se precisa que de la muestra 1, el 4,2% pensó en quitarse la vida, mientras que en la muestra 2, fue el 6,5 por ciento. En este sentido, de los encuestados hacia fines de mayo, sólo el 14% reconoció ser paciente psicológico; mientras que el 37,5% dijo que “necesita, desea o ha intentado realizar tratamiento psicológico”, y de éstos, dos de cada tres no lo hizo por “problemas económicos y de acceso a la atención”.


“Es clave facilitar el acceso a la consulta”

“El informe de la UBA si bien tiene una perspectiva teórica, es muy valioso porque alerta a las autoridades para prestar atención a las consecuencias que la cuarentena puede generar en la salud mental”, advierte el presidente de la Asociación de Psicólogas y Psicólogos de Buenos Aires, Marcelo Clingo. En diálogo con Tiempo, explica que “sin dudas, cuando el confinamiento se prolonga en la más absoluta incertidumbre, agrava los trastornos de la salud. Está claro que esto se sostiene día a día con un compromiso comunitario altísimo. No se logra coercitivamente, sino con consenso, y cuando éste comienza a perderse, ya sea por razones económicas o de complicaciones en la salud mental, es clave la facilitación del acceso a los tratamientos, a la consulta psicológica y al acompañamiento”.

Con la excusa de atender las urgencias de la pandemia, prepagas y obras sociales intentaron desligarse de los tratamientos que los profesionales (muchos tercerizados) llevaban adelante con sus pacientes. Tras varios reclamos colectivos, la mayoría de las empresas aceptaron las entrevistas virtuales. Esta semana se presentó una ley “para que estas prácticas queden definitivamente legitimadas”, cuenta Clingo, y agrega que “ahora buscamos que se considere atender en ciertos casos de manera personal, bajo un protocolo previamente validado, para evitar todo riesgo”. El especialista reconoce que, dada la situación en la Ciudad, por el momento sería difícil su aplicación. “Hay muchos colegas y pacientes que no pueden realizar entrevistas remotas, porque en sus domicilios no hay intimidad o no se reúnen las condiciones”, argumenta.

“Las autoridades tomaron decisiones estratégicas muy acertadas, pero es hora de que se tome nota colectivamente del esfuerzo que las instituciones públicas y de la sociedad civil estamos realizando para asistir a la sociedad”, concluye Clingo.


De adolescentes a adultos

La secretaria de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar), Gabriela Torres, explica a Tiempo que “creció la demanda de atención y de la línea de escucha” y que se detectan cambios en los hábitos de consumo problemáticos: antes el foco estaba puesto en los adolescentes, siendo que ahora los adultos son quienes más padecen los excesos.

La funcionaria señala que “si bien durante el primer mes de cuarentena no se sintió una mayor demanda de quienes vienen padeciendo problemas de consumo, después de los 30 días se incrementó el interés” en la red de contención que el organismo tiene en todo el país. “Seguimos con los tratamientos, las casas de día continúan funcionando, sumamos el acompañamiento remoto, brindamos medicación personalizada. Hoy debemos tener unas 4000 personas haciendo cuarentena en diferentes lugares de internación”.

“El aislamiento preventivo genera mucha incertidumbre y angustia. Hay muchas consultas en relación al aumento, sobre todo, de sustancias legales como el alcohol y medicamentos”, describe Torres, quien argumenta que registraron cambios en los sectores sociales que acuden por ayuda: “Las personas que consultan son de clases medias y medias altas, que antes no recurrían por esto al Estado”.

La especialista reconoce que apenas dos semanas antes de la pandemia la mirada del organismo estaba puesta en los adolescentes, quienes presentaban problemas derivados de los excesos de consumo. “Ahora, los jóvenes están en sus casas, con sus padres. Esto se trasladó al mundo adulto”, esgrime.

La Sedronar no solo advierte cierta tendencia al exceso en la ingesta de alcohol, medicamentos y drogas ilegales, sino también de alimentos. “Cuando se empieza a darle al consumo el poder de la salvación, es una alerta. Buscamos que las personas puedan ordenarse el día, porque hoy el uso del tiempo genera un vacío por la falta de trabajo, de amigos, de escuela”. Torres recomienda que las personas lleven un registro de lo que consumen y plantea: “Esto nos atraviesa a todos, todas las clases sociales de todos los países están pasando por lo mismo. Si pensamos salir adelante en soledad, se agudizarán los problemas. Es muy importante no sentirse solo para prevenir tapar los vacíos con el consumo”.



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