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Concordia - Entre Ríos - Jueves, 24 de julio de 2014

El ex gobernador Jorge Busti aportó su testimonio a la Causa Harguindeguy. Relató cómo fue el operativo en el que quedó detenido y cómo se sucedieron los días posteriores. Aseguró que el propio jefe del Regimiento de Caballería de Tanques 6 Blandengues, el teniente coronel Naldo Miguel Dasso, le dijo que era “dueño de la vida y la muerte de todas las personas que estaban en el Área de Defensa 225”. Apuntó contra Gonzalo Jaime López Bensué, Juan Ignacio Aleman y Horacio Alberto Goris como responsables de su detención. Por su parte, el vocal del Superior Tribunal de Justicia (STJ), Bernardo Salduna, refirió al habeas corpus que presentó por la desaparición de Julio Alberto Solaga. Además, agregó que no fue la única gestión que realizó para familiares de detenidos-desaparecidos durante la dictadura cívico-militar.

Por Natalia Buiatti - Análisis Digital

“Una vez pedimos una audiencia con Dasso porque un compañero llamado Julio Héctor Meirama estaba preso. Le preguntamos los motivos y cuál era la situación del detenido. Recuerdo que de su respuesta, una de las cosas que más me impresionó, fue que nos argumentó ‘ustedes piden por la libertad de algunos y otros me piden que los maten’. Nos dijo que Meirama estaba preso porque era el abogado de los subversivos”. También el vocal del STJ, Daniel Carubia, debía declarar este viernes, aunque prefirió hacer uso de su facultad de responder preguntas por escrito.

“Desde 1973 y siendo abogado de Universidad de Córdoba me desempeñé como relator de la Comisión de Asuntos Jurídicos del Concejo Deliberante de esa ciudad. Era militante de la JP (Juventud Peronista), un militante público. Trabajé con gente necesitada en un barrio humilde de Córdoba. Esa fue una época en que esa provincia pasó una etapa difícil, más que otras provincias. Cuando se produjo el golpe institucional, las cosas empezaron a enardecer. A fines del ‘75, la situación se puso aún más difícil. Yo desde esa época me jugué por los derechos humanos, cuando nadie se jugaba y no era moda”, comenzó su testimonio el ex gobernador.

Luego indicó que volvió a Entre Ríos. “Conseguí una vacante en el Poder Judicial. Trabajé unos días como secretario en el Juzgado Civil y Comercial de Concordia, a cargo de Oscar Rovira. Trabajé unos días de febrero, hasta el 10 cuando un grupo irrumpió en mi casa. Golpearon las ventanas y me dijeron que había un detenido y que necesitaban de mi participación. Pregunté quiénes eran. Me respondieron que eran del Ejército y que abriera la puerta porque sino la voltearían. Salí a la vereda, habré durado uno o dos minutos, me vendaron, me golpearon y me pusieron en un Falcon”, detalló.

De inmediato, apuntó: “En ese momento me vino una sospecha. El día anterior a mi detención, estaba en el juzgado y una puerta que siempre permanecía abierta se cerró cuando llegó el allegado de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side), Tomás Sousa Moreyra. Rovira la cerró”.

“Fue tan aparatoso el operativo que hicieron para detenerme, porque si lo tenían que hacer no entiendo por qué no fue cuando yo caminaba por la calle. A eso lo manejó el Ejército”, sostuvo.

Asimismo, contó que en ese momento tenía a su pequeña hija de apenas un año y medio y su esposa, Cristina Cremer, estaba embarazada de ocho meses. “En el momento en que me llevaron mi mujer salió desesperada con su panza y le pegaron una trompada. Esto provocó que mi segundo hijo naciera el 12 de febrero, provocó el parto prematuro”, reclamó.

“Durante dos días nadie supo donde estaba. Había sido llevado al Regimiento, ahí permanecí esposado y encapuchado. No me torturaron, pero me patearon y me escupieron. Estuve dos días y se cansaron. Entonces, me sacaron, me metieron a las patadas en el baúl de otro auto que dio vueltas y apareció personal policial que me dijo ‘mire doctor, nosotros no tenemos nada que ver, pero lo tenemos que llevar a la Jefatura de Concordia’. Allí me llevaron al calabozo. Había presos comunes y los peligrosos o subversivos. A los diez días, me llamó Campbell (Ramón, jefe Departamental de Policía de Concordia) al despacho, me dijo que quedaba en libertad condicional y que tenía que ir durante cuatro meses a firmar a su despacho”, narró.

“Con el tiempo identifiqué a las voces que me rodeaban mientras estuve preso y se trata de Gonzalo Jaime López Bensué, Juan Ignacio Aleman y Horacio Alberto Goris”, acusó. Por ese testimonio, el Tribunal correrá vista y realizará las actuaciones correspondientes para investigar a esas personas.

El ex mandatario provincial dijo que en el operativo su casa fue “revuelta”, que le llevaron algunos libros. Mientras estuvo preso su familia intentó gestionar con el juez Rovira para que investigaran su caso, pero el magistrado se negó.

A fines del ‘77, Dasso lo convocó y en ese momento el represor le dijo era “dueño de la vida y la muerte de todos los que estaban en el Área 225”. Relató que el teniente coronel lo atendió con un arma sobre el escritorio.

En ese momento le devolvieron la Libreta de Enrolamiento que le habían secuestrado. “Me advirtieron que no saliera de Concordia, lo cual fue un problema para desempeñarme laboralmente”, recordó.

A título seguido, Busti se refirió a la primera etapa de la democracia. Contó que Enrique Cresto le pidió que fuera intendente de Concordia. En esa función, aseveró que realizó varias gestiones relacionadas a los derechos humanos. Dijo que empleó en su mandato a víctimas directas del Terrorismo de Estadoy a sus familiares. También afirmó que llevaron a cabo excavaciones en el cementerio de Concordia. “Desenterramos tres cuerpos NN en busca de desaparecidos. Yo sentía que tenía que hacer algo por los que sufrieron más que yo, porque yo sufrí muy poco”, graficó.

Además, indicó que él había sido dado de baja en el Poder Judicial en los mismo días que fue detenido. “El otro día la hablé a Pañeda (Leonor, actual presidenta del STJ) para que me den el reconocimiento de servicio. Según lo que me entregaron, me dieron de baja el 11 de febrero del ‘77. Sensacional la rapidez”, evaluó.

Salduna: “En Concordia hubo detenciones a montones”

“Me puede fallar la memoria pero hasta donde recuerdo, la primera acción que llevé a cabo como abogado en un caso de desaparición forzada fue cuando me visitó un hombre de apellido Wilson y me manifestó que uno o dos días antes se encontraba en la puerta de su casa (al lado de la casa de Julio Solaga), cuando aparecieron tres personas de la Policía Federal y les pidieron documentos. Nadie lo tenía, pero cuando Solaga le dijo cómo se llamaba lo tomaron y se lo llevaron. Wilson intentó defenderlo pero no pudo”, relató el letrado.

“Según contó Wilson, a Solaga lo cargaron en un Renault 12 blanco y se lo llevaron. A raíz de eso, Wilson quedó muy asustado, y estaba preocupado porque hizo averiguaciones en la Policía y el Ejército pero nadie sabía nada del operativo. Como abogado hicimos unas gestiones. Nos decían que no tenían nada que ver, aunque en algún momento, alguien me dijo que era un operativo de los verdes”, comentó.

Ambos solicitaron una audiencia con Dasso, pero no se las concedió. "Aunque un día nos citaron y nos recibió el capitán Orieta. Tuve una conversación larga, relativa a muchos temas. Me dijo que el Ejército no tenía nada que ver con eso y que debían ser los mismos subversivos. Le respondí que si era subversivo había que darle amplia difusión y denunciarlo. De inmediato me transmitió otra idea, que eran grupos de tarea y actuaban con autonomía”, contó el vocal del STJ.

Casi un año y medio después, presentó un habeas corpus por la desaparición de Solaga. “Lo aconsejable era presentarlo inmediatamente después del hecho, pero se aconsejaba que antes averigüen primero, porque podía ser hasta perjudicial para los detenidos. Otra de las cuestiones que me referían los familiares es que no era fácil encontrar abogados que quisieran redactar un habeas corpus”, señaló.

Todos los recursos emprendidos en esa época daban resultado negativo y eso sucedía en todo el país, por lo que una vez decidieron hacer una presentación conjunta a la Corte Suprema. “El Poder Judicial de la Nación instó al Poder Ejecutivo Nacional (PEN) a que dé respuesta ante esas inquietudes”, añadió.

También, hizo una presentación por el caso Papetti. “En ese caso también me visitaron los padres y me contaron que habían ido al Regimiento donde se les dijo que no tenían que presentar nada ni hacer ninguna gestión y que fuera todas las semanas, que ahí les iban a dar información. Luego esa información era contradictoria. Les mantenían viva la esperanza. Era perverso”, indicó.

El abogado aseguró que conoció a Dasso porque mientras era secretario del Colegio de Abogados, su compañero Julio Meirama había sido detenido. “Fuimos a ver a Dasso. Le preguntamos los motivos y cuál era la situación de Meirama. Recuerdo que me dijo: ‘ustedes piden por la libertad de algunas personas y otros piden que los maten’. Otro nos dijo que Meirama era el abogado de los subversivos. Cosa que a mi no me dejó muy tranquilo porque yo también había actuado por algunos desaparecidos”.

Al poco tiempo, Meirama fue puesto en libertad. “Corrió el rumor de que lo iban a volver a detener y se suicidó”, lamentó.

Tras la exposición del vocal, la presidenta del Tribunal, Lilia Carnero, le preguntó: “¿Qué sabe usted de la militancia de Solaga y Papetti?”

Salduna respondió que tiene un amigo peronista de apellido Chardillón que era amigo de Solaga. “A mi amigo le llegó un mensaje: le decían que tenía que irse porque después de Solaga, él era el próximo. Entonces se fue a España. No sé nada más que lo que me informaron los padres”.

En Concordia, “hubo detenciones a montones”. En la misma línea, aseguró que “el día del golpe debe haber habido cerca 100 detenciones”. Según Salduna se trataba de “gente vinculada a grupos políticos. En esa época se hablaba de corruptos y subversivos, aunque también detuvieron a otras personas y nunca supe por qué”.

En tanto, apuntó que el “modus operandi de la Policía de Concordia era liberar zonas: colocaban patrulleros en las esquinas para que no pasara nadie y los grupos actuaban”, describió.

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